Ir a la página del Colegio de Químicos

Colegio y Asociación de Químicos de Madrid

Ir a la página del Colegio de Químicos
Portada > Estudiantes > Artículos

Mapa de la web

Sección de Estudiantes

Artículos

La reunión de los alquimistas. Por Francisco Javier Vallano Gutiérrez (Sección de Estudiantes)

Eran días fríos. Estaba en un gran Concilio de druidas, magos, alquimistas y bardos, en el que intentaban dilucidar cuál era la mejor forma de hacer saber nuestros hallazgos y logros. Cuando mi escudero me recordó que otro gran acontecimiento se celebraba esa noche.
-Mi señor, esta noche es la reunión de los Alquimistas.
-Pardiez- dije - y en ella homenajean a uno de mis grandes compañeros de aventuras en la Academia de Alquimistas, Druidas y Magos. Deberé de ser raudo pues el concilio ignoro cuan largo será.
El Gran Brujo del Árbol del Saber -lugar mágico y con historia trascendente- dio por finalizado el IV Concilio y tras un ligero ágape partí veloz en mi caballo de hierro.

No tenía mucho tiempo para prepararme. Llegué a mi pequeño torreón de aprendiz de alquimista y decidí echarme una ligera siesta, la noche iba a ser larga y desconocida. Tras un corto pero reparador sueño dispuse mis mejores galas para asistir a tan Magno acto y volví a correr como el viento pues antes debía ir en busca de una Gran Dama que me acompañaría. Con ella iba a reunirme en uno de los palacios Enanos, subterráneo y de grandes columnas, como todas sus obras, para desde allí usar uno de sus ingenios mecánicos para desplazarnos hasta el Castillo donde se celebraría la reunión. Ella vestía de negro y su elegancia y su porte eran majestuosos.

Nuestra premura hizo que llegásemos al Castillo con tiempo suficiente para ver los puestos de los mercaderes que estaban en torno a él. Intercambiamos opiniones sobre los distintos usos de vestimenta propuestos para los próximos festivales de invierno, desde lo más distinguido a lo más sobrio pasando por cosas inverosímiles. Nos acercamos al Castillo y mientras observábamos su imponencia, mi palantir se iluminó. Era mi gran amigo el que llamaba para decirnos que acababa de llegar. Él nos conminó a reunirnos en el patio de entrada.

Fueron muchos los saludos y la alegría al encontrarnos allí. Pues otra camarada de la Academia había acudido también para homenajear a nuestro común amigo.
-Los guardias aún no nos dejan pasar, está todo preparado para cuando la luna entre por esa ventana del castillo e ilumine el Gran Salón. 
-¡Saludos!- dijo uno de los Maestres de nuestra orden -Hoy honramos a nuestro Gran Patrón y que mejor manera de hacerlo que con manjares, vino, alegría y obsequios. Y que mejor forma que con vosotros los jóvenes hoy aquí.

No quiero aburrir a vuesas mercedes con los pormenores del ágape, pero puedo deciros que hubo frases ingeniosas, muchas risas y momentos sorprendentes, como cuando dos camaradas sentados con nosotros, diéronse cuenta de tener los mismos orígenes en una villa en el sur de nuestra tierra. Aquello llenó la cena de anécdotas, recuerdos y alabanzas sobre dicha pedanía.

Ya terminada la cena, comenzó el ritual de honores entre los Alquimistas. Los más ancianos y sabios, los que habían hecho un gran aporte, iban a ser los premiados. Pero cuán fue mi sorpresa que tras nombrar al Alquimista honorifico por decidir retirarse, fuimos nosotros los premiados. Sí amigos, los alquimistas nos homenajearon por entrar en su Clan. Mi amiga que también venía de nuevas a reunión y yo nos quedamos mirándonos sin saber que decir, hasta que por fin nos levantamos para recibir un premio que nos dejó temblorosos. Escuchábamos los aplausos de los otros Alquimistas y los vítores desde nuestra mesa. Finalmente llegó el premio para nuestro amigo por su graduación como Alquimista de la Academia, y aún más fuertes fueron los vítores y las alabanzas, que sin descanso le propinamos sus camaradas.

Tras la emoción de los premios llegó la intriga del sorteo de otros regalos entre los que allí acudieron y he de decir que la diosa fortuna, sonrió aquella noche a nuestra mesa. Yo no tuve más premios esa vez, estar donde estaba y con los que me rodeaban era ya suficiente regalo. 

La entrega de premios y el sorteo tuvo lugar en la media noche, como manda la tradición para que los conjuros de buena ventura surtan efecto. Para terminar de celebrar aquel día, dos Bardos se presentaron en el Gran Salón para deleitarnos con sus baladas y artes. Comenzó entonces el baile, rito imprescindible y en el que tras mostrarnos indecisos, fuimos llevados a disfrutarlo.

Decir que pese a que no me gusten tales divertimentos y que a mi acompañante aquella noche tampoco, puede descubrir que tratábase ella de una gran danzadora. Tampoco les diré a vuesas mercedes más cosas de esto. Pues ya me las guardo para mí y para los que allí fuimos. Pues toda reunión debe tener sus secretos y sus misterios. 

Que los dioses os guarden y que el Gran Patrón Alquimista nos guarde y nos guie.

 

Portada > Estudiantes

Mapa de la web